Buenísimas tardes mi querido lector.
Soy uno de esos hombres que intentan ser fiel a su palabra, aunque no siempre lo consiguen, por eso aquí estoy, con el viernes de reflexión número 3...pero en sábado, porque sí, porque somos así de originales en casa Rober...o porque básicamente ayer estaba demasiado cansado, elija usted la opción que crea conveniente.
Está siendo un sábado bastante tranquilo, la verdad, haciendo trabajos de asignaturas, poniendo lavadoras, ir a comprar porque tengo el vicio de comer todos los días y poquito más, he dejado aparcados los apuntes de Indalecio un rato y he decidido hacer una entrada por y para usted, querido lector, fíjese cuánto le quiero.
Le pongo en situación, hoy tengo galletas de jengibre, aproveche y coja cuantas quiera, que las necesitamos, al menos yo. Sin darnos cuenta, nos hemos plantado en mitad del curso, y me da un poco de pena por un lado, aún no conozco las caras de algunos de mis compañeros porque vamos todos enmascarados y a veces es complicado reconocernos cuando estamos fuera del aula. Bueno, en mi caso es fácil, si ve usted a un calvo con boina y con pintas de no encajar para nada en el campus, probablemente soy yo.
Los trabajos se van acumulando, y las fechas de los exámenes se van acercando más rápido de lo que me gustaría, pero bueno, a falta de una máquina del tiempo, me toca aplicar mi plan por defecto, improvisar por la vida y esperar que más o menos encaje todo cuando lleguen las fechas de entrega.
Además ésta semana ha sido complicada, al menos emocionalmente para mí. Hemos entrado en varias asignaturas en temas y situaciones que me tocan personalmente y que aún no manejo bien. Supongo que un buen maestro no puede ni debe separar su actividad profesional de su persona, si algo he aprendido, es que cuando alguien se involucra personalmente en las cosas que enseña, y le pone corazón al tema, llega más y mejor a sus alumnos. No somos meros transmisores de información, somos personas, formando personas, transmitimos conocimientos, cultura y valores a nuestros alumnos, y muchas de éstas cosas son involuntarias.
En otro orden de cosas...tengo bicicleta nueva...en realidad es más vieja que yo, pero creo que he hecho bien en darle una segunda oportunidad a un viejo amasijo de hierros en vez de apostar por un velocípedo nuevo. Ahora sí, ya puedo activar el modo hipster total.
Siento que sea una entrada breve, estoy tibio y poco inspirado. Que pase una buena tarde de sábado, mi querido lector, hasta la próxima entrada,
Rober!
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