Buenísimas tardes querido lector,
Recuerde que éstas notas corresponden a la actividad de Análisis y Reflexión número 11, "Participación Escolar". Por favor, no mire la fecha, es la misma que la entrada anterior, servidor, que ya terminó algunos trabajos del máster y tengo un poquito de tiempo libre estos días, así que ahora que ya he tomado café y que los rayos del sol otoñal están entrando por la ventana de mi habitación, aprovecho para escribirle cartas desde el pueblo, con amor, eso sí.
La semana pasada estuvimos viendo con Xoan el tema de la participación de los diferentes agentes sociales dentro del centro docente, qué es un Consejo Escolar y de qué miembros (no me haga decir miembras, en ésta casa seguimos lo que diga la RAE) consta. Para que lo pueda entender bien, si el centro docente es un país, el consejo escolar sería como el parlamento de ese país. El consejo escolar fue creado en la ley educativa LGE (la que puso la EGB) y está integrado por la dirección del centro, representantes del claustro de profesores, por el personal no docente, por alumnos, por gente de la asociación de padres y madres, e incluso por agentes sociales externos, como el concejal del ayuntamiento, y sirve como mecanismo de representación y participación real y efectiva de los diferentes agentes relacionados con el centro académico, resumiendo, que no es sólo un mero órgano consultivo, en el Consejo Escolar se tratan temas tan relevantes como las directrices del PEC, los valores del centro, e incluso el nombre del mismo.
Por si no es usted compañero mío del máster, me gustaría hacer una pequeña digresión y comentarle algo interesante que vimos con Xoan, los pasos que hay que dar para conseguir una transformación social de la vidilla del barrio y sin que intervengan partidos políticos, porque, asumámoslo, los políticos están más pendientes de los señores que ponen el dinero ahí arriba que de los curritos de aquí abajo. En primer lugar, hay que informarse de contexto social, cultural y política, pero para eso no hace falta comprar el periódico, salga a la calle y vea. En segundo lugar debe usted posicionarse, identificar las necesidades e intereses de la gente, las causas de por qué no son cumplidas y ponerse en una posición de poder ser escuchado. En tercer lugar, movilíciese, cree una asociación para dar la tabarra si hace falta, en cuarto lugar, acceda a la cultura, y transforme su propia vida y la de su alrededor, y finalmente cree usted, participe activamente en la transformación social.
Volvamos al tema que nos ha traído aquí, una de las sugerencias de Xoan para ésta actividad número 11 es traer una actividad de participación escolar innovadora que haya leído por ahí, o de nuestra propia invención. Le voy a ser sincero, tengo el defecto de ser ingeniero, y de tener la mente guiada más por la razón y el pragmatismo que por la fantasía y la imaginación, pero me estoy curando de eso, así que no se me ocurre ninguna actividad completamente asombrosa e innovadora. En lugar de eso, querido lector, le hablaré de la Ruta Quetzal, un proyecto de intercambio cultural internacional para chicos de 10 a 15 años de países de habla hispana que se hizo desde los 80 hasta los 2000, creado por el aventurero español "Miguel de la Quadra-Salcedo". El programa tenía por objetivo el consolidar entre la juventud de todos los países de lengua hispana los cimientos de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Durante sus 31 ediciones la Ruta Quetzal consiguió unir a más de 10.000 jóvenes tanto de España como de Hispanoamérica y recorrió más de 21 países siguiendo las huellas de personajes cruciales de la historia iberoamericana. Fue declarado de interés nacional por más de 30 países, avalado por la Unión Europea y declarado bien universal por la Unesco. Bien, hasta aquí la parte aburrida, ahora la parte divertida. Cuando yo era pequeño recuerdo a un tiarrón navarro, alto, de bigote imponente, vestido con camisa de aventura invitándome a participar en la Ruta Quetzal, donde nos llevaría en barco hasta América, nos juntaríamos con jóvenes de allí, y veríamos el Machu Picchu, las pirámides mayas, aprenderíamos cosas de las diferentes culturas locales y cosas así, luego los jóvenes de América harían la ruta de vuelta y vendrían a comer cocido y paella en España. Para poder participar había que hacer un trabajo sobre la hispanidad, o un tema relacionado con los lazos entre España y latinoamérica, éste trabajo debía ser revisado por mi profesor y luego enviado al programa para ser evaluado, y si era seleccionado, se entraba a participar en la Ruta Quetzal del siguiente año. Lamentablemente jamás pude participar en la Ruta Quetzal. En fin, que me pongo nostálgico querido lector, lo vamos a dejar aquí, ¿de acuerdo?
Hasta la próxima,
Rober!
P.S. jóvenes, sean valientes, ¡¡¡EL AMOR VENCE SIEMPRE!!!